Recuerdo en particular esa función dada en el típico patio cubierto de las escuelas de los sesenta y setenta. El escenario quedaba al fondo y un costado del patio –el opuesto a las salas– era vidriado.
Cuando en la obra se anuncia, indicando ese sector, la llegada de un jinete, todos los niños se agolparon en las ventanas para verlo llegar. Pero ¡qué decepción! El jinete apareció de pronto, y sin caballo, de detrás de las cortinas del escenario.

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