Recitales de Pablo Neruda y Gabriela Mistral (1985 – 1986)
Eran los años 70, toda una época de auge cultural, sueños, ilusiones, participación. El teatro en su apogeo: participaban estudiantes secundarios, universitarios en su mayoría, académicos, investigadores y actores, todos unidos por la alegría de hacer teatro y llegar con las obras tanto a la ciudad como al campo. Con la llegada de la dictadura todo se derrumbó, todo lo avanzado quedó sumergido, ¡los sueños de muchos se truncaron dando paso a una generación castrada! Pero debíamos mostrar que aún estábamos vivos y había que hacer algo; quizás nuestra inexperiencia de una dictadura nos permitió ser osados e inventar recitales para hablar con la voz de los Nobel chilenos, Neruda y la Mistral; así, después de incursionar con obras de teatro, nacieron los Recitales Poéticos bajo los aleros del TIC.
En el año 1985 decidimos hacer un modesto recital de la poesía nerudiana, yendo contra la corriente, algo peligroso en esos años. En la dirección general y la lectura de los poemas estuvo Roberto Matamala, en lo audiovisual Mariana Matthews, Carlos Fischer, Abel Manríquez y Roberto Hojman; Juan Ossa en la escenografía, Ricardo Silva en la iluminación; en la selección musical, Jaime Matamala; correspondiéndome la producción ejecutiva. En la primera parte estuvo El Hombre Invisible, poema fuerte para la época que se vivía; luego vinieron las Odas al Aire, a la Alegría, a la Crítica, al Hombre Sencillo, al Pan, al Vino y a la Poesía. En la segunda parte, Las Alturas de Macchu Picchu paraba los pelos de punta, para terminar con el Cuándo de Chile y El Canto Repartido.
En el ambiente del Teatro del Cine Club de la Universidad Austral de Chile y en los lugares donde se realizó, como en San José de la Mariquina, se sentía la emoción del público que estallaba en aplausos. Dentro de la solemnidad también sucedían chascarros, como en una ocasión en que no aparecieron las diapositivas, la sala quedó a oscuras y se escuchó una palabra no muy académica del encargado de las diapositivas; nadie se rió, solo había un silencio sepulcral, lo que por supuesto después ha sido toda una anécdota. En otra ocasión, desaparecieron las diapositivas y había recital al día siguiente; la solución la dio el físico del grupo, Roberto Hojman: «Hagamos las diapositivas»… Pasamos toda la noche en una imprenta hacien do las diapositivas y salimos de madrugada al recital en el Teatro de San José de la Mariquina, donde desde una cornisa manejamos las diapositivas: algunas se vieron al revés y otras muy grandes, pero salvamos la situación. Al pasar el tiempo, se encontraron las originales en el carrete de una proyectora.
Y en 1986 siguieron los recitales, ahora con la Mistral. No fue fácil convencer a Roberto Matamala; se disculpaba diciendo, «¿Qué sé de Gabriela Mistral aparte de la leyenda de los Sonetos y los Juegos Florales; la leyenda de la sublime maestra venerada un poco bobaliconamente en las escuelas públicas por aquello de los piececitos azulosos de frío; la leyenda de su privacidad contada apasionadamente una noche de bohemia por uno de sus admiradores absolutos? Pero Matamala aceptó, comenzó a leer y descubrió a esta mujer desconocida, que lo estremeció y maravilló en cuerpo y palabra. Pensó leer aquellos fragmentos reveladores, pero ante la revelación, prefirió la rebeldía, la rebeldía de su verbo, y el recital abarcó: La Paz, Recados de Extranjería, sus Días de Amor y Muerte. Dimos vida al Recital de Gabriela Mistral casi los mismos del Recital de Pablo Neruda, agregándose los niños de entonces Eduardo y Daniel Matamala, hijos de Roberto, quienes recitaron algunos poemas
Para terminar de armar el recital, se trabajó hasta altas horas de la madrugada en casa de Mariana Matthews, seleccionando la música, de responsabilidad de Roberto Hojman. Nos acordamos que en el recital anterior estuvimos hasta muy tarde confeccionando las diapositivas y, al final de la grabación que contenía la música, quedó grabada esta reflexión. Cuento esto ya que en el estreno del Recital de la Mistral, cuando terminó la presentación en el Teatro de la UACh y el público se retiraba, siguió corriendo la cinta del casete y se escuchó en la voz de Hojman: «En el Recital de Neruda estuvimos hasta las 8 de la mañana haciendo las diapositivas. En el Recital de la Mistral nos quedamos seleccionando la música hasta las 4 de la mañana. ¿Hasta cuándo #$%$*&# seguís haciendo recitales?», lo que siempre ha sido recordado con mucha risa en nuestras tertulias teatrales.
Así, el TIC, con estos recitales llevó a la gente nuestros dos Nobel de Literatura, para que conozcan a través de su poesía sus facetas y los aprecien en toda su magnitud y los lean.
Lilian Villanueva. Valdivia, noviembre 2018.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.